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El transporte público es uno de los principales sistemas de movilidad urbana e interurbana. La cantidad de personas que se concentran en las estaciones y en los propios medios de transporte, así como su dispersión geográfica, convierten al transporte público en una infraestructura cuya seguridad es crítica.
El atentado terrorista es una de las amenazas más importantes para el transporte público. La concentración de personas en un espacio cerrado, la enorme repercusión mediática internacional y las consecuencias psicológicas y hasta económicas que un atentado pudiera provocar hacen del transporte público uno de los principales objetivos de grupos terroristas radicales.
Hay que tener en cuenta para causar numerosas víctimas no hace falta siquiera material explosivo, basta con desviar las vías de tren o metro o girar bruscamente el volante de un autobús a su paso por un desfiladero.
Además de al terrorismo, el transporte público tiene que hacer frente a otras amenazas como los robos, violencia o el vandalismo.
El plan de seguridad para el transporte público ha de dar repuesta a las diferentes amenazas tomando en consideración estaciones, diversas instalaciones y los propios medios de transporte.
La percepción de la seguridad se debe basar en inteligencia preventiva, disuasión y especialmente en prevención. Algunas de las herramientas son el reconocimiento de señales sospechosas en el lenguaje corporal de los pasajeros y transeúntes, los medios tecnológicos y la actividad encubierta. Ello implica que el factor humano relacionado directa e indirectamente con la seguridad ha de estar convenientemente formado y en actitud de alerta.
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